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miércoles, 27 de mayo de 2020

Juan José Rodriguez Calaza. ABC, 27 de mayo de 2020



Covid-19: sobrevaloración del riesgo

«La sobrevaloración del riesgo, si bien explicable por el instinto evolutivo de supervivencia, puede perjudicar gravemente a la sociedad cuando se aplica sin rigor a la gestión sanitaria. Respecto a la Covid-19, las medidas de confinamiento fueron innecesarias habida cuenta que el crecimiento exponencial de contagios diarios se frenó antes del 15 de marzo»



odo el mundo se sirve de heurísticas, formas de razonamiento práctico y rápido, a veces muy útil con mínimo esfuerzo cognitivo. En situaciones de evaluación complicada el atajo heurístico casi siempre conduce al error.
Los errores que cometemos al evaluar heurísticamente las probabilidades provienen, al parecer, de lo que los sicólogos llaman «probabilidades subjetivas» para describir intuiciones erróneas, justificadas evolutivamente ya que estimulaban la prudencia o desconfianza del Homo sapiens en un entorno hostil. Resulta más prudente suponer que una serie negra oculta una relación entre los eventos -peligrosa si la subestimamos- que intuirla fruto del azar. Ha sido crucial para nuestra supervivencia como especie la capacidad de anticipar situaciones potencialmente graves asociándolas a signos precursores de peligros. Probabilidades subjetivas
 erróneas, en este contexto, y sobrevaloración del riesgo son, simplemente, poso evolutivo.
En lo que concierne a la salud pública, la sobrevaloración del riesgo hoy día no debe interpretarse como prudencia sujeta al principio de precaución sino grave incomprensión de la situación objetiva, exacerbando la tendencia de algunos profesionales a practicar la «medicina defensiva» en previsión de ser acusados de negligentes. Gerd Gigerenzer, en «Risk Savvy» (2014), cita un estudio (García-Retamero y Galesic, 2012) apuntando al desfase, con parecido diagnóstico, entre el tratamiento que dispensan los médicos a los pacientes en España y el que se aplican a sí mismos o a sus familias, menos agresivo e igualmente eficaz. Caso de manual de medicina defensiva en evitación de litigios. A todo ello hay que añadir el conflicto de intereses entre una medicina virtuosa y la maximización del beneficio que lleva a sobreactuar en el sistema sanitario. Así se prescriben excesivamente medicamentos, exámenes, intervenciones quirúrgicas, etc., despilfarrando recursos y perjudicando al paciente. Que nadie dude, por tanto, de la obligatoria prescripción de antivirales y vacunas contra la Covid-19 llegado el momento. Quien se niegue a vacunarse no podrá salir a la calle.
Gigerenzer da el siguiente ejemplo de sobrevaloración del riesgo, efecto colateral del 11-S. Al analizar estadísticamente el aumento del tráfico rodado, EE.UU. (2001), se constataron 1.600 muertos en accidentes que no se habrían producido si los viajes hubieran sido en avión. Los atentados hicieron creer a muchos estadounidenses que el automóvil era más seguro que volar. Evaluaron mal el riesgo. Por otra parte, según Gigerenzer, los médicos están mal preparados para comprender lo que es el riesgo/incertidumbre y menos aún para evaluarlo probabilísticamente. En tanto ilustración de «anumerismo» (concepto popularizado por el matemático John Allen Paulos en «Innumeracy» (1988), Gigerenzer considera que el 80% de médicos son incapaces de entender verdaderamente el significado de un test de detección en su propia especialidad. Generalmente confunden riesgo absoluto y relativo, falso positivo y falso negativo, prevalencia e incidencia, etc. Ante un test de diagnóstico frecuentemente sobrestiman la probabilidad de que el paciente esté enfermo y la intensidad de la enfermedad. Un millón de escáneres innecesarios se prescriben anualmente a niños en EE.UU., induciendo número importante de cánceres al ser los tejidos de las criaturas muy vulnerables.
Por lo que respecta a la Covid-19, considerar imprudencia relajar algunas medidas de distanciamiento social es muy sintomático de los escasos recursos mentales que tenemos los humanos para evaluar probabilísticamente el riesgo/incertidumbre. Las lastimeras peticiones de los pediatras para que los niños entre 0 y 6 años no vuelvan a guarderías y escuelas este curso, en aras de proteger su salud, es como ir a la playa con paraguas en previsión de que llueva. El confinamiento ha sido nefasto para la salud de la población (niños incluidos) habida cuenta del demoledor impacto físico, síquico y económico. Otras consideraciones aparte, el 1% de aumento del desempleo dispara el 2% de enfermedades crónicas en el medio plazo. Más importante, si cabe, si el pico de fallecimientos diarios se dio el 1 de abril (950 muertos), el pico de infecciones diarias (reales, no reportadas) tuvo que producirse entre el 5 y el 10 de marzo (quizás el 8-M en Madrid) al restar la media de días que tarda en fallecer una persona infectada. No se necesita ningún modelo matemático para calcularlo backward-induction, con la simple aritmética llega. Dicha media se sitúa entre 23 y 26 días (cuatro o cinco para la incubación y entre diecinueve y veintidós días desde que se manifiestan los síntomas). Sucede que, arrancando el confinamiento el 15 de marzo es evidente que el punto de inflexión que marca el fin del crecimiento exponencial de la infección diaria (casos reales) se produjo con anterioridad gracias a que la población empezó a tomar sencillas medidas de higiene personal (lavarse las manos, por ejemplo) y distanciamiento a principios de marzo. Al hilo de lo dicho, en una sencilla función de Verhulst (o Gompertz) se observa perfectamente el punto de inflexión que marca el fin del crecimiento exponencial de infecciones. Toda vez que con crecimiento exponencial el número de infectados doblaba cada cinco o seis días, la mitad de infectados reales, antes del 15-M, tuvo que producirse dentro de la semana anterior al confinamiento.
Con los anteriores datos en mano, el «arresto domiciliario» draconiano fue y es inútil epidémicamente y letal económicamente. Razón por la que gobiernos más competentes que el español, y menos necesitados de mostrar implacable autoritarismo, no aplicaron drásticas medidas de distanciamiento social: por innecesarias epidémicamente y devastadoras económicamente. Quiere decirse, si en España el Gobierno hubiera desarrollado cierta pedagogía inculcando concienciación de la situación y asunción de responsabilidades individuales se habría minimizado el cataclismo económico en curso. Por si fuera poco, el confinamiento no impide que eventualmente se produzcan rebrotes de menor alcance.
El alarmismo propagado conscientemente es fruto de la incompetencia y sobrevaloración del riesgo por un gobierno que ha aterrorizado a España entera -oposición incluida- sin haber protegido a quienes más necesitaron amparo. También es cierto que han contado con la complicidad necesaria de un sistema de salud que practica sin sonrojo la medicina defensiva y estimaciones de modelos matemáticos tremendamente coactivos -verbigracia, la chapuza del Imperial College- pero que fallan más que escopetas de feria.
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Juan José R. Calaza es economista y matemático

miércoles, 1 de abril de 2020

Juan José Rodriguez Calaza. ABC, 1 de abril de 2020


Alarma en el Estado de alarma

«España no podrá encajar dos crisis seguidas. Primero, epidémica; después, económica. Ya que no fueron capaces de evitar la primera crisis evitemos la segunda. El confinamiento es una medida brutal e irracional, sin ningún tipo de base científica»


El confinamiento de la población es una medida pseudo-fascista, tomada sin base racional ni científica, que provocará una hecatombe económica, afectiva y psíquica en la sociedad española. Las personas mayores quedaremos estigmatizadas ante los jóvenes que nos acusarán de haberles cerrado el paso al futuro.
En España, el 96,2% de fallecimientos por la Covid-19 se registran entre personas de más de 60 años. En el 3,8% de fallecidos, relativamente jóvenes, se observaron frecuentemente patologías. Las patologías previas disparan la letalidad de la Covid-19 incluso en jóvenes. Esta sospecha parece confirmarse al analizar los casos de fallecidos de más de 60 años.
La tasa de letalidad (calculada sobre la incidencia, infectados reales estimados, no solamente casos reportados) de la Covid-19 es
 muy baja (del orden del 0,3%-0,4%) doble en hombres que en mujeres, siendo la incidencia igual en ambos sexos, y sube especialmente en varones mayores de 80 años con patologías previas (letalidad 16%, calculada exageradamente sobre casos reportados). Sin embargo, en esta alta letalidad se esconde una correlación así llamada cigüeña: no son la edad y la enfermedad combinadas las que matan sino que con la edad las personas sufren más patologías. Y los hombres más que las mujeres por sus pasados hábitos de vida o actividades profesionales. Con estos elementales datos en mano, puede probarse que la insostenible política de confinamiento, amparada por el Estado de alarma, nace de una premisa completamente falsa. A saber, el confinamiento sería la «única» estrategia eficaz al no poder -alternativamente, por carencia de medios- practicar detección a gran escala con aislamiento de personas detectadas contagiadas. Este diagnóstico de la situación indica grave desconocimiento de la naturaleza de la Covid-19: su letalidad general es más baja que la de la gripe (influenza), 0,8%.
Cuando lo anterior se entiende bien la estrategia para encarar la Covid-19 es imparable. Una parte de la población (la que padece patologías previas) es fatalmente sensible y frágil a la infección del virus SARS-CoV-2. Esta parte de la población debe ser informada, partiendo de su historial clínico, prevenirla del riesgo que corre y, si es necesario, aislarla por su propio bien (se admiten objeciones). Es obligación del Gobierno llevarlo a buen término. ¿Cuál es esa parte de la población de alto riesgo? Especialmente hombres mayores de 80 años (2/3 de fallecidos). ¿Es suficiente ser hombre y mayor de ochenta años? No. Un hombre mayor de ochenta años sin patologías previas, que padezca el Covid-19, corre menos riesgo de fallecer que si estuviera infectado por el virus de una gripe normal. Por tanto, los medios deben asignarse masivamente y los esfuerzos concentrarse, racionalmente, a la evitación de contagios en el segmento de población sensible: la que padece patologías previas. El resto de casos reportados, sin patologías previas, hay que considerarlos como si fuera gripe, es decir, que se queden en casa hasta que la enfermedad remita excepto agravamiento agudo y manifiesto (el 70% de ingresados en las UVI tienen más de 70 años, no todos con patologías previas). Algunos enfermos sin patologías previas también fallecerán, desgraciadamente, pero menos que los que fallecen de gripe. Esta es la única estrategia racional (cf. online, 9/03/2020, el interesante artículo de Fei Zhou y colaboradores: «Clinical course and risk factors for mortality of adult inpatients with COVID-19 in Wuhan, China: a retrospective cohort study»).
Con una bisoñez, un desparpajo y una incompetencia que aterran, el Gobierno, en previsión protectora de las personas mayores, ha tomado medidas de confinamiento que nos estigmatizan ante los más jóvenes haciéndonos indirectamente responsables del desastre económico en curso. Y tanto es así que partidos políticos anticonstitucionalistas e independentistas propugnan medidas de confinamiento incluso más extremosas, descontando una crisis peor que la de 2008, en aras de abonar el terreno a sus nefastas y no ocultadas pretensiones. Por ello, los españoles de bien y más de sesenta años debemos oponemos al confinamiento de la población -por ineficaz, humillante, traumatizante y destructivo- impulsando otras medidas de protección en orden al distanciamiento social (centradas sobre todo en la prevención de contagios en personas con patologías previas) aplicando, si es necesario, el poder coercitivo del Estado en cuanto a la obligatoriedad de mascarillas y guantes fuera del hogar.
Es un mito que el «aplanamiento» de la curva epidémica por confinamiento de la población salve muchas vidas. Y las pocas que relativamente pudiese salvar, en el corto plazo, sería a costa de multiplicar los fallecimientos en el medio y largo plazo. Pocas vidas salva la descongestión de Urgencias. Lo que salva vidas es la prevención cuando aún no se ha alcanzado un umbral crítico de contagio, y protegiendo, desde un principio, a ancianos con patologías que difícilmente pueden asumir su propia protección en residencias geriátricas o el propio hogar. ¿A qué esperamos para cambiar de estrategia? Este sistema de protección minuciosamente centrado no impide relanzar inmediatamente la economía para que jóvenes y trabajadores en general no sufran las consecuencias de la voladura del entramado económico. Un Estado endeudado por el desmoronamiento económico carecerá de medios para mantener un sistema de salud eficiente capaz de salvar vidas en el futuro.
Sorprende la visión cortoplacista y chapucera de medidas draconianas, tomadas en España, cuyos impactos económicos, familiares, penales, intelectuales, laborales, afectivos, físicos, psíquicos, etc., debidos al confinamiento obligatorio serán sin duda devastadores. Más razonablemente -contraejemplo de esa miopía decisoria impuesta irracionalmente a una sociedad absolutamente desinformada, aterrorizada y sin datos fiables en que apoyarse-, algunos países calculan integrando los efectos de la pandemia este año y el próximo con la estructura productiva en funcionamiento, en la medida de lo posible, para evitar el colapso económico susceptible de debilitar los sistemas nacionales de salud en el futuro. El INSEE francés ha estimado, por lo bajo, que en diez días de confinamiento la actividad económica se ha contraído el 35%; en un mes el PIB se habrá reducido 3 puntos.
Salvemos la economía y el futuro de los jóvenes. España no podrá encajar dos crisis seguidas. Primero, epidémica; después, económica. Ya que no fueron capaces de evitar la primera crisis evitemos la segunda. El confinamiento es una medida brutal e irracional, sin ningún tipo de base científica, pretextando proteger la vida de las personas mayores que, en realidad, quedan estigmatizadas ante la sociedad. Pronto los jóvenes nos harán responsables de la hecatombe económica culpándonos de haberles bloqueado el futuro. Sánchez ha declarado la guerra, pero inspirado en «Diario de la guerra del cerdo», de Bioy Casares.
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Juan José R. Calaza es economista y matemático

miércoles, 11 de marzo de 2020

Juan José Rodriguez Calaza. ABC, 11 de marzo de 2020

Aprendiendo de una pandemia

«Los insuficientes recursos oficiales dedicados a la investigación, con mayor vocación curativa que preventiva, lastran los conocimientos»


La recombinación genética para saltar la barrera de la especie era altamente probable al albergar el murciélago cuarenta tipos de coronavirus (ya se conocían seis en el ser humano). Enseñanza a retener: no se priorizan con discernimiento los recursos a la investigación. Decía Marx que la humanidad solo se plantea las preguntas que es capaz de responder. Es falso, aunque suene bien. De ser cierto, no se indagaría con financiacion pública el origen del Big Bang, objeto de estudio intrínsecamente especulativo que mantiene ocupadas a muchas personas incurriendo en costes económicos, y de oportunidad intelectual, elevadísimos y mínima probabilidad de darle respuesta científica (muro/época de Planck). Las cuestiones especulativas, metafísicas o puramente lógicas no carecen de interés, ciertamente, y a
 veces es suficiente el esfuerzo personal, unos cuantos libros, papel y lápiz -en Matemáticas y Filosofía, por ejemplo- para profundizar en su conocimiento. No obstante, las especulaciones científicas, utilizando enormes medios materiales para cazar hormigas a cañonazos, son generalmente un despilfarro estimulado por absurdas políticas de prestigio y emulación de países ricos.
Echando bien las cuentas (tiempo perdido; brillantes jóvenes intelectualmente infrautilizados en investigaciones que acaban en callejones sin salida; recursos mal asignados), va siendo hora de jerarquizar, seleccionar y priorizar las investigaciones que son verdaderamente importantes para nuestra especie. Esto obligaría a deslastrarse oficialmente de lo que corresponde al ámbito de la pura especulación «científica» («Ni siquiera es falsa», diría Pauli), aunque espíritus eminentes crean que van a descubrir el Grial del conocimiento. Yo situaría entre los bizantinismos científicamente inútiles -al menos hasta universalizar el uso de la inteligencia artificial y computación cuántica- la teoría de Cuerdas, la mitad de la Cosmología, la teoría de Juegos, el ITER, los mensajes extraterrestres y, para no extenderme demasiado, los modelos de proyección climática a cien años mientras no se demuestre la existencia de solución general a las ecuaciones de Navier-Stokes. Pero hay más, muchos más. Y situaría en la cúspide de la búsqueda científica todo lo relacionado con la salud, excluyendo el perfeccionamiento de la especie mediante manipulación genética.
Si por insuficiencia de recursos tuvieran que escoger entre investigaciones excluyentes (por ejemplo, GPS o implantes dentales buenos y baratos, de momento inexistentes), ¿qué preferirían ustedes? El GPS es, prácticamente, la única aplicación útil de la teoría de la Relatividad, con utilidad inferior a la de implantes dentales, cerillas, la pastillita azul, el bolígrafo o la aspirina. Además, el GPS debe muchísimo más a la electrónica que a la relatividad, en cuyo estudio, directo o indirecto, se siguen gastando miles de millones no se sabe para qué, salvo a mayor gloria de Einstein.
Sí es sabido que los virus emergentes son potencialmente el problema fundamental a encarar (no olvidemos HIV, ni ébola ni zika). Mucho más grave que el cambio climático. Sin embargo, los insuficientes recursos oficiales dedicados a la investigación, ampliamente relegada al sector privado con mayor vocación curativa que preventiva (antes de la emergencia del virus no hay test de detección ni vacuna), lastran los conocimientos. Nadie sabe predecir dónde se producirá una recombinación genética favorable al paso de la cepa patógena del animal anfitrión del virus al ser humano. Por dos veces en este siglo (vamos por la tercera) virólogos chinos alertaron en publicaciones especializadas de la adaptación inminente de coronavirus al ser humano. En 2003 se identificó el SARS-CoV, causante de la primera epidemia mortal debida a un coronavirus. En 2012, el MERS-CoV. En noviembre 2019 apareció el virus respiratorio bautizado como SARS-CoV-2 por la OMS, que puede mutar a más letal, si bien la estrategia evolutiva es atenuar la virulencia para no matar a los anfitriones. Antes de 2003 estos virus casi no se estudiaban, pues las otras cuatro cepas conocidas, adaptadas al ser humano, provocaban sobre todo resfriados benignos.
Estaba cantada la emergencia. Cuarenta especies de coronavirus se albergan en los murciélagos, anfitrión natural. El virus probablemente pasó del murciélago al pangolín antes de emerger en el mercado de Wuhan, epicentro de la epidemia. Fue ahí donde quizás el virus se recombinó genéticamente para saltar la barrera de la especie. De la pandemia que se incuba, la lección fundamental a retener es que el ser humano estaría científicamente mucho más avanzado, en lo que es nuclear a su destino, si no perdiera el tiempo, por pura soberbia competitiva, en investigaciones tan prestigiadas como superficiales e inútiles.
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Juan José R. Calaza es Economista y matemático

jueves, 27 de febrero de 2020

Juan José Rodriguez Calaza. ABC,27 de febrero de 2020

Aumenta la superficie verde del planeta

«Los últimos incendios en la Amazonia y Australia han servido de caja de resonancia a los catastrofistas profesionales. Ocultan los datos fundamentales: la superficie verde del planeta aumenta imparablemente»


Probablemente, una de las razones del escepticismo de parte de la opinión pública, relativamente bien informada, respecto al cambio climático se asienta en las numerosas inexactitudes, cuando no falsedades, que emanan de círculos ecológicos o medioambientalistas sin el mínimo reparo en exagerar la realidad del calentamiento global. Énfasis catastrofista que acaba creando anticuerpos de rechazo en el tejido social. Pero también hay que tener en cuenta la ignorancia de articulistas y políticos que opinan sin ton ni son de lo que ignoran. El presidente Macron llegó a tuitear, durante los incendios que sufrió en 2019 Amazonia, que estaba amenazado «el pulmón de la Tierra» por su contribución en oxígeno. En alguna prensa, reputada seria, hemos llegado a leer «20 por
 ciento del oxígeno mundial». Dejando de lado que hubo más incendios (en periodo de tiempo comparable) durante las presidencias de Lula y de Dilma Rousseff que en la de Bolsonaro, afirmaciones como las de Macron, o de ciertos periódicos y cadenas de televisión, son científicamente falsas. Un bosque en equilibrio (bosque natural «virgen») cuya biomasa no crece, en el que hay tantos árboles que nacen como otros tantos que mueren no libera oxígeno en términos netos: globalmente, en la media del planeta, la concentración de oxigeno no aumenta.
Sí es cierto que las tierras de cultivo que substituyen a los bosques después de los incendios almacenan menos CO2. No obstante, observaciones por satélite muestran que la utilización humana de las tierras los últimos veinte años ha aumentado ligeramente el albedo de la superficie terrestre, es decir, la parte de luz que reenvía a la atmósfera (onda larga, infrarrojos) contribuyendo al enfriamiento del planeta. Cuanto más aumenta el albedo menos calor solar es absorbido por la superficie terrestre dominando al ciclo del agua y la deforestación que tienen un efecto de calentamiento en latitudes tropicales o subtropicales. Hay dudas, sin embargo, frecuentes en climatología, respecto al resultado neto toda vez que la superficie boscosa se extiende fundamentalmente en latitudes medias y altas, con nevadas estacionales, que disminuye el albedo.
La selva del Amazonas siempre ha ardido, antes más que ahora. El 23 de agosto de 2010 hubo 148.946 incendios en la región amazónica. Aquel verano austral fue el peor del siglo en cuanto al fuego, superando al del año pasado. En cualquier caso, la superficie arbórea del planeta crece imparablemente. El ligero aumento de la temperatura media estimada del planeta es compatible, al menos de momento, con progresión de todos los índices de bienestar incluida la calidad del entorno medioambiental y la extensión de biomasa vegetal (bosques y plantas nutritivas, superficie folicular) en los últimos treinta y cinco años. A vista de satélite la superficie de la Tierra reverdece (green leaf area) por fotosíntesis favorecida por la concentración de CO2 y el ligero calentamiento. Si nos limitamos a árboles de más de cinco metros de altura, un articulo de «Nature» constata que la cobertura arbórea (tree cover) creció 7 por ciento (2,24 millones de kilómetros cuadrados) entre 1982 y 2016. Como referencia, la superficie española es de 500.000 kilómetros cuadrados el 40 por ciento ocupada por bosques (segundo país de Europa) En total, la España verde, añadiendo cultivos, se extiende por el 55 por ciento del territorio nacional (el 5,5 está urbanizado). El número de incendios incrementa con la extensión de bosques, pero la superficie quemada disminuye. Las observaciones por satélite muestran una bajada significativa, 1 por ciento anual entre 1996-2012 en media planetaria. Respecto al tan mediatizado incendio de Australia si bien es cierto que la sequía en 2019-2020 ha sido notable, en 1974-1975 una catástrofe cuatro veces peor arrasó la superficie equivalente a casi dos veces España. De hecho, en Australia la superficie quemada disminuyó 5 por ciento anualmente entre 1991-2015. También es cierto que los ecologistas impiden desbrozar los bosques para preservar la biodiversidad, recientemente los incendios tienden a aumentar.
Los datos no se compadecen con la propaganda catastrofista, desmentida por los hechos: el planeta reverdece a vista de satélite. En realidad, el peor enemigo de los bosques no son los incendios, sino las plagas. La peor plaga, la de ONG y ecologistas mercenarios. Ecologistas somos todos pero no todos vivimos, y a veces muy bien, de ello.
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Juan José R. Calaza es economista y matemático

lunes, 10 de febrero de 2020

Juan José Rodriguez Calaza. ABC,10 de febrero de 2020


LA TERCERA

Dr. Sánchez, climatólogo

«Justificándose en acuerdos europeos, sumisamente suscritos sin chistar, la declaración de emergencia climática del Gobierno revela oportunismo y demagogia. Vamos a exportar aire limpio y empleo e importar aire chino y paro»


El Ejecutivo aprobó (21/01) una «declaración de emergencia climática» demagógica de popa a proa. De treinta perlas declaradas evaluaré cuatro. Y llega.Primera: Las ciudades de más de 50.000 habitantes deberán contar con zonas de bajas emisiones.
Andan algo despistados quienes se preocupan obsesivamente por la calidad del aire exterior en las ciudades siendo el verdadero problema la polución de interiores (profesionales o habitacionales) en los que pasamos el 80% de nuestra vida. EPA (United States Environmental Protection Agency, https: //en.wikipedia.org/wiki/Indoor_air_quality) sitúa la polución del aire interior entre los cinco principales riesgos para la salud pública. Además, incluso manteniendo en las grandes ciudades la actual concentración de CO2 representará un riesgo menor que habitar una casa de piedra en la Sierra

 (emanaciones de radón) y calentarse al hogareño fuego de chimenea (nocivas micropartículas provenientes de la combustión de leña).
Segunda. El 100% de la energía que se consuma en el 2050 deberá ser renovable.
Según la International Energy Agency, teniendo en cuenta el parón nuclear e independientemente de las medidas que se adopten en Europa (que solo emite el 9% del CO2 mundial) en el 2050 las fósiles representarán aún el 68% de demanda global de fuentes primarias de energía.
El transporte aéreo doblará en volumen, aumentando las emisiones de CO2 entre 300% y 600%. El recurso a biocarburantes, no es fácil, reduciría escasamente al 50% las emisiones. China proyecta construir doscientos aeropuertos en diez años sin privarse de la tecnología clásica de keroseno. Financiaremos su enriquecimiento con nuestro empobrecimiento. La flota mundial de transporte marítimo podría emitir en ese horizonte temporal el 15% de gases con efecto invernadero. Teniendo en cuenta que la vida media útil de un barco es de 35 años, la reconversión acelerada se prevé ruinosa. Sustituir fuel pesado por gas licuado (solución de transición) o hidrógeno (solución definitiva) es una revolución que no todos los países están dispuestos a encarar en los plazos europeos.
En cuanto a fuentes energéticas, la creciente oposición, incluidos ecologistas, impide poner demasiadas esperanzas en los aerogeneradores, de suministro intermitente y bajo rendimiento de la capacidad instalada en tierra, doble cuando offshore (con la excepción danesa, solamente 11% de la potencia eólica instalada en Europa es marina). No es viable convertir el territorio en un parque de aerogeneradores, los pleitos por impacto medioambiental se multiplicarán. Sin olvidar que, al ser intermitentes, tanto eólicas como fotovoltaicas obligan a los usuarios a almacenar electricidad, por seguridad, en baterías y pilas pesadas y caras condicionadas por la disponibilidad de materias estratégicas.
Aconsejo al doctor Sánchez, metido a climatólogo, que empiece por enterarse de la ley de Jevons y, ya puesto, lea los fáciles libritos «Éoliennes: chronique d’un naufrage annoncé» -autoría de P. Dumont y D. de Kergolary- y «Éoliennes: la face noire de la transition écologique» de F. Bougle.
Tercera. Presentación de una senda para eliminar totalmente emisiones de gases con efecto invernadero de origen antrópico.
Hay correlación pero no prueba de que el cambio climático se deba a la concentración de CO2. El principal gas con efecto invernadero es el vapor de agua, condensable. El aumento de concentración de CO2 genera vapor de agua, vía calor-evaporación (fórmula de Clausius-Clapeyron), que retroalimenta positivamente (feedback loop). Las retroacciones positivas son explosivas al ir de más a más. Si no hubiera en la dinámica climática alguna variable de control natural que compensara negativamente la retroactivación positiva la vida ya habría desaparecido de la Tierra.
En media, el CO2 puede permanecer un siglo en la atmósfera al tiempo que el vapor de agua se disipa rápidamente. No obstante, con distribución espacial desigual, la cantidad global permanece prácticamente constante con ligera tendencia al alza (irrigación) y, al ser condensable, algunos aerosoles lo transforman en nubes que ejercen el doble papel de enfriar y calentar la Tierra. En cualquier día del año, entre el 50% y el 70% de la superficie del planeta está recubierta de nubes. Los aerosoles, a su vez, intervienen en el calentamiento/enfriamiento (desde los trabajos de Bjorn Stevens, menor enfriamiento del que se creía). Vapor de agua y nubes son bolsas de aerosoles. Estos tres elementos interactúan crucialmente pero de forma imprecisa, o ad hoc, en el parametrado de los modelos climáticos (ver mi artículo en Claves, enero-febrero 2020, «La difícil modelización sin una teoría más sólida del clima»). Resumiendo sintéticamente, CO2 y vapor de agua calientan la Tierra; es dudoso el resultado neto de las nubes; los aerosoles la enfrían.
Actualmente, aunque no carecen de coherencia interna gracias a las ecuaciones de la termodinámica y mecánica de fluidos, no hay ni un solo modelo capaz de realizar proyección fiable tomando en cuenta las retroacciones dinámicas de la secuencia calentamiento -CO2-calentamiento -vapor de aguacalentamiento-aerosoles-nubes- calentamiento / enfriamiento (por no hablar de la interacción océano-atmosfera o el ambiguo papel de los bosques). La mayoría de las proyecciones catastrofistas (hasta +7°C en el 2100 dependiendo de la concentración de CO2) se basan en parametrado de modelos climáticos que sobre-reaccionan amplificando la retroalimentación del vapor de agua en el calentamiento global, incapaces de proyectar correctamente el impacto de enfriamiento de cierto tipo de sistemas nubosos y otras dinámicas de retroacción negativa (las nevadas están aumentando la cantidad de hielo en el centro del Ártico). En fin, no sabemos en el futuro, pero, en el hemisferio norte, las ventajas del ligero calentamiento constatado, superan a los inconvenientes, que también hay.
Cuarta. Transformación hacia la neutralidad climática (sic).
España no necesita ninguna transformación hacia la neutralidad climática (sic) pues teniendo en cuenta la baja emisión relativa por habitante de los gases referenciados en Tokio junto con abundantes bosques, mares, orografía y cierres de centrales de carbón (que funcionan a fondo en Alemania, China, etcétera) capturamos aproximadamente 30% más CO2 del que emitimos. No perderé ni un minuto en demostrárselo a La Moncloa (ver mi artículo en Expansión, «¿Urgencia energética o climática?» 17/12/2019) pero, insisto, las medidas propagandísticas de emergencia climática que impulsa Europa, y este Gobierno acepta sumisamente sin chistar, significan exportar aire limpio, PIB y empleo e importar aire chino y paro.
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Juan José R. Calaza es economista y matemático

ABC

miércoles, 22 de enero de 2020

Juan José Rodriguez Calaza. ABC, 22 de enero de 2020

Juan Carlos Savater: misterio, permanencia y respeto

El pintor exhibe, hasta el 6 de marzo, «12 amaneceres» en la galería Leandro Navarro de Madrid


Lo diré de una vez por todas: a Juan Carlos Savater la praxis mística y la belleza del mundo han tentado por igual. Y de esa simbiosis nace obra sutil y única en la que influencias de magisterios varios avalan su hondo aliento pictórico. ¿Quiénes son los maestros? Clásicamente, los de siempre, los de todo pintor que se precie y no se jacte de ser ignaro adscrito pretenciosamente al arte conceptual. Específicamente, Adam Elsheimer y Carlos de Haes, innovadores paisajistas. No obstante, en Savater las influencias bien asimiladas, y la inspiración propiamente suya, van por épocas en las que el poso decantado proviene de muy diversos manantiales. De ahí su riquísima polisemia y suntuosos matices. Y tanto es así que late asimismo poderoso el simbolismo báltico con ecos cósmicos de nórdicos y eslavos, sin excluir a Paul Delvaux, de surrealismo ingrávido, y Balthus deslastrado de erotismo.

Para esta serie tuvo Savater la fortuna de contar con dos modelos de excepción –niñas gemelas, alumnas del artista y bailarinas por vocación– que el pintor entrelaza en dificilísimos combates apasionadamente evocadores –más espirituales que físicos–, auténtico reto técnico para un pintor sin que por ello sean las protagonistas principales de las tablas para las que posan pues en todas domina la pura e indisociable unidad en la que no se jerarquizan los elementos constitutivos de la composición integral.

Curiosamente, sin que haya llamado la atención a la crítica, se observa en los paisajes de Savater una temática prerrafaelita alevemente semejante a la de la Inglaterra idílica del siglo XIX. Me arriesgo a señalarlo habida cuenta que se me antoja crucial para entender su pintura. Sin embargo, mientras que en las composiciones inglesas domina el ilusionismo virtuoso, minucioso y falso de un bucolismo incontaminado, en Juan Carlos asistimos al derrumbamiento de un mundo y a la tensión del combate entre lo bueno y lo perfecto. Savater, preservando el contexto de fondo de los prerrafaelitas, renuncia a trampear con la imagen engañosa bien sea por medio de añosas ruinas que hablan del fracaso de la Historia y el intrínseco desamparo del ser humano o del combate cainita de la especie, antiguo símbolo bíblico que aún habita entre nosotros, reflejado en la lucha entre dos hermanas, por supuesto gemelas como el bien y el mal.
Con estos mimbres teje Juan Carlos obra ungida por el misterio. Que tiene, con toda la razón del mundo, vocación de permanencia y asombra por su respeto a la vieja y buena Naturaleza de toda la vida, humana, contradictoria y panteística. Sí, a contracorriente de modas, la obra de Savater permanecerá.
Juan Carlos Savater es asceta viril y espiritual, artesano adusto y sencillo que desliza pinceladas pautado por la cadencia suave del discurrir de riachuelos aldeanos, eternos, auténticos. Quien haya contemplado la obra pictórica de Juan Carlos la echará de menos como a las mariposas, tan ausentes ahora, que en la infancia atravesaban el salón de casa. Los cuadros de Juan Carlos imponen una experiencia que no se puede sufrir impunemente. Deja huella. Su obra, ya digo, tiene vocación de permanencia engarzándose en el murmullo antiguo de una voz familiar que nos tutea con aspereza y confianza. Son obras luminosas y firmes que cercan al espectador cómplice en un laberinto de rocas, boj, laurel y flores frescas del que no querrá salir nunca. Porque la única libertad del ser humano es escoger la propia prisión.
Juan Carlos es un profeta que se alimenta de miel silvestre y colores bien acordados y predica a rugidos la verdad del arte azotando sin piedad a los mercaderes del templo. Su rostro no porta máscara y su pintura tampoco. Y cuando desde el arcano de su sabiduría se desembaraza del hermetismo, el espectador siente que la única felicidad tentadora es la del cielo y árboles que nos cobijan y amparan en nuestro desvalimiento definitivo.

«Puertas del Edén» (2019), óleo sobre madera de Juan Carlos Savater
«Puertas del Edén» (2019), óleo sobre madera de Juan Carlos Savater - JOAQUÍN CORTES

sábado, 21 de diciembre de 2019

Juan José Rodriguez Calaza. ABC, 21 de diciembre de 2019

Convertir cuatro provincias en una nación

«Sesgos cognitivos son lo propio del homo sapiens llevándolo a incurrir en irracionalidad decisoria. A ello hay que añadir la violación recurrente de los principios básicos de la racionalidad»


Todas las personas están dotadas de razón, pero no todas se comportan racionalmente. La racionalidad debe sostenerse en un sistema lógico (formal o informal) coherente/consistente, no contradictorio, derivado de unos cuantos axiomas. Por ejemplo, el de transitividad: si prefiero B a C y C a D, coherentemente debo preferir B a D. Las decisiones corrientes de cualquier genio o peatón de la vida son irracionales si violan alguno de dichos principios o requisitos. Pero lo normal es que se violen, dado que la forma idealizada de racionalidad sería más propia de un ordenador o robot programado con inteligencia artificial que de un ser humano. Que un sistema lógico sea no contradictorio es de la máxima importancia; de no ser así podría probarse que las proposiciones A y no-A son simultáneamente ciertas. Cuatro provincias no pueden haber sido parte consustancial de una metrópoli colonial (A) y al mismo tiempo colonias (no-A). Para A. Tversky y D. Kahneman ni siquiera esas exigencias axiomáticas mínimas, requeridas en las decisiones de toda persona racional, se respetan en la práctica. Entre las irracionalidades decisorias observadas, causadas por sesgos cognitivos, está la que deriva del efecto de encuadre (framing). No solemos tomar la misma decisión o proponer la misma respuesta u opinar idénticamente si nos presentan un problema bajo dos enfoques diferentes. Otra irracionalidad, tan llamativa como la anterior, proviene del sesgo cognitivo llamado anclaje (anchoring): dificultad en deslastrarse mentalmente de las primeras impresiones. Ambos sesgos potencian casi irreversiblemente las creencias por adoctrinamiento inculcadas en la infancia y adolescencia.
El proceso de evaluación o análisis considerado racional debe ser objetivo, lógico y mecánico. Si una persona (agente racional) es influida, incluso ligeramente, por emociones, sentimientos, instintos, normas culturales, fobias, filias, códigos morales, etcétera, el análisis o evaluación se considera irracional debido a la injerencia de sesgos. El homo sapiens real no se comporta con racionalidad teórica idealizada y axiomatizada. Paradójicamente, la irracionalidad decisoria poco tiene que ver con la inteligencia o la capacidad intelectual. Hasta a las personas dotadas con grandes recursos mentales les resulta muy difícil cuestionar lo que, a priori, dan por sentado. Numerosos experimentos sostienen esta afirmación. Verbigracia, Kahneman preguntó a estudiantes de la costa Este (viveros de la crema intelectual estadounidense e internacional) si el encadenamiento proposicional siguiente con la conclusión que sigue al «por tanto» está lógicamente justificada: a) todas las rosas son flores, b) algunas flores se marchitan rápidamente, por tanto, c) algunas rosas se marchitan rápidamente. La inmensa mayoría de estudiantes consideró que el encadenamiento era lógicamente correcto. No lo es. Nada permite deducir a partir de las proposiciones a) y b) que algunas rosas se marchitan rápidamente. Es cierto que algunas rosas se marchitan rápidamente, pero no como consecuencia inevitable de a) y b). Ese «por tanto» no puede tener fuerza de implicación. El siguiente encadenamiento lógico sí es correcto (obsérvese la diferencia, de calado, con el anterior): a) todas las rosas son flores, b) algunas rosas se marchitan rápidamente, por tanto, c) algunas flores se marchitan rápidamente. ¿De dónde proviene el error de estudiantes que a buen seguro pasaron tests lógicos mucho más difíciles para acceder a universidades tan selectivas como Harvard? Simplemente, porque la conclusión es creíble. Todo el mundo cree que algunas rosas se marchitan rápidamente. A partir de ahí, a partir de la aceptación de que esa afirmación es cierta, la mayoría de personas no se toma el trabajo de la verificación lógica del encadenamiento. Si creemos por adoctrinamiento que cuatro provincias son una nación será muy difícil que cambiemos de opinión, aunque nos lo demuestren con impecable lógica.
No obstante, un encadenamiento lógico correcto no garantiza que la conclusión sea verdadera. Por ejemplo: a) todas las brujas son mujeres, b) las brujas vuelan en escobas, c) algunas mujeres vuelan en escobas. Aunque existan escobas y aunque existan mujeres, la conclusión es falsa, y las premisas también: una verdad parcial no lleva a una verdad general. Aunque exista el derecho a la autodeterminación para las colonias, no se aplica a las cuatro provincias más ricas partes intrínsecas de una vieja nación europea otrora metrópoli colonial. Anclaje mediante, algunos creen incoherentemente en el derecho a la autodeterminación como otros en brujas voladoras.
No confundamos sesgos con falacias. Determinados sesgos llevan a incurrir en falacias, pero no son lo mismo. Alguien afectado por sesgos racistas o supremacistas será proclive a caer en las falacias de relevancia. Las falacias de relevancia se dan cuando las premisas tienen poco que ver con las conclusiones. Este tipo de falacias frecuentemente incorpora trampas de distracción que desvían la atención del núcleo del problema. A estos argumentos a veces se les califica non sequitur, del latín «no se sigue». Si bien las pretensiones de los independentistas apuntan más al lucro fácil que al sudoroso esfuerzo, no se sigue que los catalanes sean fenicios. Las falacias de relevancia incluyen asimismo varias modalidades tal los argumentos contra la persona. Los argumentos ad hominem atacan directamente a la persona por su edad, carácter, familia, género, origen étnico o social, estatus económico, personalidad, apariencia, forma de vestir, comportamiento o por la afiliación profesional, política o religiosa. Sin ir más lejos, en jerga supremacista, el español es lengua de criadas.
Hay que cuidarse de sesgos y ser muy respetuosos con las reglas de la lógica para no incurrir en abusivas simplificaciones. Veamos: 4x0=0; 1x0=0. Por tanto, 4x0=1x0. Simplificando, queda 4=1. Eso es lo que hace la chusma de tramposos simplones.
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Juan José R. Calaza es economista y matemático