mail

fareracalaciana@gmail.com

domingo, 24 de marzo de 2019

Juan José R. Calaza ABC 24 de marzo de 2019. Votar estratégicamente

Votar estratégicamente

España entraría en una dinámica política virtuosa si los partidos acendradamente constitucionalistas presentaran lista única vista la gravedad de la situación que encara el país


La teoría del voto no es técnicamente fácil pues se sitúa entre la ciencia política y las matemáticas. Aun así, en ciertas circunstancias llega conque los políticos sepan sumar y restar y consulten la Constitución y la Loreg para tomar la buena decisión. Probablemente España entraría en una dinámica política virtuosa si los partidos acendradamente constitucionalistas presentaran lista única vista la gravedad de la situación que encara el país. Pero, de no ser así, y no será así, en el caso del Senado votar inteligentemente es votar estratégicamente.
Dejando de lado los senadores autonómicos, la mayoría se eligen en circunscripciones provinciales peninsulares (cuatro por provincia). En las provincias insulares cada isla o agrupación (Ibiza-Formentera) constituye una circunscripción a efectos de elección. Tres senadores se asignan a cada una de las islas mayores (Gran Canaria, Mallorca y Tenerife) y uno a cada una de las menores (Ibiza-Formentera, Menorca, Fuerteventura, Gomera, El Hierro, Lanzarote y La Palma). Ceuta y Melilla eligen dos cada una. Cada elector dispone de tres votos en las circunscripciones provinciales peninsulares, dos en las islas mayores, dos en Ceuta y Melilla y uno en las islas menores. En consecuencia, la fuerza política con más votos en cada circunscripción peninsular consigue el 75% de escaños (en Ceuta y Melilla y las islas menores el 100%).
Aunque los candidatos aparecen agrupados por partidos en la papeleta al Senado, las candidaturas son individuales y el elector puede votar a candidatos de fuerzas diversas. Quiere decirse, el voto al Senado es un procedimiento distinto del de las listas del partido, cerradas y bloqueadas, del Congreso. Por simple aritmética, la mayoría absoluta conformada por PP, Cs y Vox en el Senado sería imparable si los partidos dan la orden y los electores respetan la disciplina de voto: cada votante debe votar solamente al primer candidato de la lista del PP, al primero de Cs y al primero de Vox. Para los constitucionalistas, votar inteligentemente es votar estratégicamente.
Juan José R. Calaza es economista y matemático

martes, 12 de marzo de 2019

Juan José R. Calaza ABC 11 de marzo de 2019 ¡Qué pidan perdón!

tRIBUNA ABIERTA

¡Que pidan perdón!

«Es destacable que ninguno de los golpistas del 1-O haya mostrado arrepentimiento ni pedido perdón a los catalanes»


Viena es sede de la Escuela Española de Equitación (Spanische Hofreitschule). Fundada en 1571, el edificio que la alberga, el mejor centro ecuestre del mundo, se construyó por orden del emperador del Sacro Imperio, Carlos VI, rey titular de España entre 1703 y 1714, sin llegar a reinar, y archiduque de los catalanes. El reinado de Carlos VI estuvo marcado por querellas sucesorias de dinastías europeas. Carlos VI renunció al trono de España en 1714 en el tratado de Rastatt. Con estos mimbres, invocando obsoletos privilegios sin vigencia en las modernas democracias, fabrican los catalanistas alforjas que exigen llenar al Estado con dinero, unas veces, o con mayor autogobierno, otras. Ahora bien, cualquier observador objetivo, español o extranjero (y mira que son fáciles de engañar los extranjeros), sabe que el catalanismo es la máscara oportunista y amable del supremacismo secesionista gracias a la cual han obtenido de España casi todo lo que han exigido. De hecho, les ha sido suficiente decir una cosa y pensar otra. Vieja y eficaz táctica, saber mentir es un arte. Encabezando el capítulo XXII de Le Rouge et le Noir, ya citaba Stendhal al jesuita italo-portugués Gabriel Malagrida: «La palabra le ha sido dada al hombre para ocultar su pensamiento». Pero, aunque matemáticamente no sea cierto, todo tiene un límite. También en política. Hasta el río más fatigado llega finalmente al mar, escribió Swinburne.
Un rasgo delator del supremacismo catalanista es que toma a los españoles por imbéciles. Incluidos los españoles que les ríen las gracias y los que les ceden ceremoniosamente el paso y los que les deslizan aduladoramente la mano por la espalda. El supremacismo catalanista toma por imbéciles a los españoles en bloque. Y no me duelen prendas reconocer que, visto el nivel de algunos gobiernos que hemos tenido y cómo han gestionado los conflictos de alta y baja intensidad con la Generalitat, no les falta completamente la razón a los homunculi catalani. Con decir que el punto 11 de las 21 demandas de Torra a Sánchez era «Frenar el deterioro de la imagen de España»…
No obstante, lo de ahora, es decir, lo del 1-O, es distinto. Lo de ahora ha sido un clarísimo golpe de Estado frustrado e incruento (¡por pura suerte!) contra una de las democracias más dinámicas, protectoras y garantistas del mundo que, obviamente, tuvo que defenderse. Lo de ahora es tan distinto respecto a lo que ya hubo históricamente que al secesionismo le va a resultar muy difícil volver a engañar a los españoles por mucho que ponga en práctica el aforismo de Malagrida. Los recalcitrantes golpistas no engañan a nadie -excepto a su hipnotizada masa y algún corresponsal alcohólico destacado en Barcelona- con el paripé que montan estos días ante el TS para descargarse fraudulentamente de las motivadas acusaciones. Digo recalcitrantes porque no se atisba el mínimo arrepentimiento ni ninguna prueba de que si retornaran a sus anteriores responsabilidades políticas y ejecutivas no volverían a intentarlo.
El comportamiento de Junqueras -ese Sócrates en pantuflas, orinal bajo la cama y cartilla de ahorros- ante el TS es de manual del golpista irredento. No reconoce ni adarme de culpabilidad y responsabiliza al Estado de violencia buscando que en el extranjero le echen finalmente un capote. ¿Tanto le cuesta a Junqueras confesar que intentó separar a Cataluña ilegalmente? Deberían informarle de que Hirohito -emperador Showa, en Japón- se dirigió al país (1/01/1946) en un histórico discurso radiofónico (Ningen-sengen) reconociendo la falsedad de su «naturaleza divina». En la vida hay que saber perder. No le pedimos tanta grandeza de alma ni altura de miras a Junqueras ni al resto de la tropa golpista, ni es necesario que se pongan de rodillas implorando perdón por todo el daño causado a los catalanes, pero no puede haber clemencia ni magnanimidad -ni a corto ni a medio ni a largo plazo- para con quien no reconoce sus gravísimos errores y se engalla culpando al Estado.
Y sí, los próximos veinte años que pase el muy católico homúnculo Junqueras entre rejas podrá disfrutar de no pocas visitas de la monja independentista Teresa Forcades -enemiga acérrima de las vacunas y promotora de la pócima milagrera MMS, parecida a la lejía, con letales efectos secundarios para la salud- en previsión de reconvertirse, a su liberación, en vendedor de crece pelo.
-----------------------------------
Juan José R. Calaza es economista y matemático

jueves, 31 de enero de 2019

Juan José R. Calaza ABC 31 de enero 2019 Homúnculos

TRIBUNA ABIERTA

Homúnculos

«Es difícil encontrar político más insignificante y con menos dotes intelectuales al tiempo que más inmaduro que Junqueras»

Hace tantos años que ya no recuerdo a cuál de los siguientes neologismos di, con cierto éxito mediático, cuño e impronta: necionalista, nazionalista, nacionalitarista. No me arrepiento de haber contribuido a la «crispación» política -como me reprochó un pelagatos de la izquierda lerda-, sabedor de que el peor insulto que podían escupirle a una persona en algunas regiones de la periferia, a veces preludio de asesinato, era español. Con estos antecedentes, propongo hoy homúnculo/homunculus al ser término muy gráfico y descriptivo respecto a los urdidores de la fraudulenta chapuza del así llamado procés. Chapuza imposible de cohonestar por mucho que gasten en indisimulada y costosa propaganda avalada, por ejemplo, por el PEN Club en el «NYT».
De diez millones de palabras que estimativamente hay en los Newton Papers, un millón tratan de alquimia. Por extraño que parezca a ojos de la ciencia actual, Newton -el físico más genial que ha habido, junto con Maxwell y Heisenberg- dedicó casi la mitad de su vida a buscar la piedra filosofal, grial de las ciencias ocultas. Inquietamente culto y adinerado, Keynes adquirió, en varias subastas, prácticamente la mitad de los manuscritos alquímicos de Newton y los estudió antes de donarlos al fondo de la Universidad de Cambridge, alma mater de ambos.
Informándome en Keynes, seguí a tientas la senda de Newton, aunque más lúdicamente que él, y encontré mi modesta piedra filosofal en «De homunculis» (circa 1529-1532), atribuido a Paracelso. Si bien el descubrimiento no me permitió transformar la paja en grano ni la arena en oro, me enriqueció como para entender un poco más, nunca es suficiente, de dónde proviene la admiración acrítica de la masa estabulada y espesa del independentismo catalán a unos líderes tradicionalmente tan mediocres -ambiciosos o masoquistas, no sabría decir- que llevan cien años de derrota en derrota. No obstante, lo verdaderamente desconcertante, lo que provoca casi conmiseración y una especie de interpuesta vergüenza ajena -«Íbamos de farol», dijo implorando clemencia la golpista escapada a St. Andrews- es que se cumple tercamente el aforismo de Monterroso: «Los enanos se reconocen entre ellos».
Homunculus/homúnculo es un ser mítico, hombrecillo o humanoide creado artificialmente en laboratorio (a partir de esperma y estiércol de caballo, por ejemplo), intento imperfecto e inacabado de ser humano. Ocurre que no es inapropiada metáfora plantear que la ingeniería social educativa, administrativa y mediática del independentismo catalán cree, artificiosamente al modo de los alquimistas, abundosas cohortes de homúnculos/ homunculi políticos en laboratorios ideológicos con el dinero que España, dicen, les roba. A veces la experimentación fracasa y, pasado el tiempo, los más maduros intelectualmente se escapan de entre las cerradas mallas de los alquimistas independentistas. Ciertamente, romper mentalmente el eslabón que aherroja los jóvenes al nacionalismo tiene mérito habida cuenta que más del sesenta por ciento del profesorado de secundaria se considera republicano y separatista.
Cuando le comuniqué el descubrimiento de mi piedra filosofal semántica -y el interés de la alegórica metáfora que enlaza los homúnculos con los enanos de Monterroso y las embridadas masas independentistas-, Fernando Savater confirmó que Goethe, en su maldad, hace aparecer un homúnculo en la segunda parte de «Fausto». Sin embargo, el descubrimiento hubiera resultado de poca utilidad si no me hubiese dado de bruces, por así decir, con unas encuestas que presentaban a Junqueras como el político más valorado por los independentistas. No me quedó adarme de duda: la masa social independentista catalana está formada por homúnculos políticos. Preciso, en breve acotación, que «hombre», cuando se refiere a la especie, es de género epiceno, indicando tanto el macho de la especie humana como la hembra. En consecuencia, los homúnculos pueden ser mujeres. Que se lo pregunten a Carme Forcadell, que iba matoneando Parlament adelante hasta que el Estado le paró los diminutos pies de homúnculo. Los cuatro.
Y es que Junqueras es paradigmático como homúnculo de malograda hombría. Resulta difícil encontrar hombrecillo político más insignificante, con menos dotes intelectuales al tiempo que más inmaduro. Tanto que impregna su gestualidad de lloriqueos adolescentes, pamplinas melodramáticas y teatralización de un heroísmo del que carece («Me clavo en el pecho la espada que ya no me servirá para combatir», escribió desde Estremera en plan guionista de una de romanos). Esto es, puro victimismo infantiloide y lacrimal interpretado para un público de homúnculos en consonancia.
¿Cómo hemos llegado aquí? ¿Cómo los homunculi catalani se han engallado hasta desafiar a la nación más antigua y heroica de Europa? La respuesta es doble. 1. Los homúnculos se reconocen entre ellos. 2 Por el ocaso del Estado español en Cataluña. Es sabido, cuando el Sol está en el ocaso un enano proyecta tanta sombra como un gigante.
Juan José R. Calaza es Economista y matemático

miércoles, 16 de enero de 2019

Juan José R. Calaza ABC 15 de enero 2019 Primera discontinuidad en la historia.

Primera discontinuidad en la historia


«No hay adquisición humana que sea firme»
José Ortega y Gasset (Meditación de la técnica)
EN la segunda cumbre mundial Edición del Genoma Humano (Hong Kong, 27-29, 11, 2018) el anuncio del biólogo chino He Jiankui rompió un tabú allende cuestiones de protocolo científico no respetado y violaciones de códigos y de las propias leyes chinas. La modificación del genoma de gemelas (fecundación «in vitro» a partir de embriones modificados antes de implantarlos en el útero materno) no tuvo por finalidad curar una enfermedad -eventual contagio de VIH, pretexto humanitario- sino manipular ADN (inyectando una proteína Crispr-Cas9 encargada de modificar un gen) para mejorar la especie puesto que las modificaciones que impiden el contagio podrán transmitirse a la descendencia. Desgraciadamente, lo que eventualmente se mejora por una parte puede empeorar por otra habida cuenta que los efectos globales de una manipulación específica son impredecibles dada la complejidad combinatoria que subyace en la modificación del genoma. Por ello, la comunidad científica internacional y las autoridades chinas condenaron sin ambages la irresponsabilidad del experimento al sentar gravísimo precedente.
De Hegel a Fukuyama y de Marx a Yuval Noah Harari -sin olvidar al gran Assimov y su saga «Foundation»- la cartografía de senderos que permiten transitar distintas corrientes del pensamiento respecto al devenir de nuestra especie es densa pero sujeta a contingencia: nadie puede predecir el futuro. Los resultados obtenidos por He Jiankui, tanto si se confirman científicamente como si se rechazan, quizás no añadan nada nuevo a lo sabido siendo simplemente la inquietante cima de un iceberg colosal: antes de cien años se producirá la primera discontinuidad radical en la Historia. Y no solamente a causa de modificaciones del genoma. Nadie puede predecir si será perversa o virtuosa, pero incluso en este caso será discontinuidad.
Debe quedar claro que la discontinuidad a la que me refiero es radical, absoluta, nada que ver con precedentes intentos de filiar discontinuidades históricas. Así, Michel Foucault, en Les mots et les choses, 1966, señaló dos grandes discontinuidades en la cultura occidental. La que inaugura el clasicismo, mediados del siglo XVII, y la que principia en el XIX, umbral de la modernidad. El análisis de Foucault, más arqueológico que histórico, no carece de pertinencia en relación a las ciencias humanas, pero no alcanza a explicar el núcleo duro de la discontinuidad total, hasta el punto de afectar a la propia naturaleza del ser humano, que está eclosionando asentada sólidamente en la ciencia y alta tecnología.
Todo lo que hemos conocido hasta ahora -por muy disruptivas que hayan sido las nuevas tecnologías y virtuoso el progreso técnico, por violentas que fuesen las invasiones y letales las epidemias en el pasado, por impactantes que resultasen los efectos del cambio climático- no tiene nada que ver, comparativamente, con lo que aflora en el horizonte de la temporalidad deslizante. La Humanidad -con sobresaltos, progresos, retrocesos, caídas y ascensos- ha vivido hasta la fecha un decurso relativamente ascendente y lineal -el fuego, la agricultura, el cuchillo, el carro, el cuero, la sartén, los tejidos, el horno, las escaleras, la escritura se utilizan desde hace miles de años y siguen entre nosotros- adaptándose parsimoniosamente en el largo plazo aunque los eventos históricos puedan dar la impresión, contemplados en su inmediatez, de cambios súbitos, repentinos, violentos. Que lo fueron pero sin provocar una discontinuidad.
La convergencia en marcha y exponencial desarrollo futuro de biotecnologías e ingeniería genética, los avances en teleportación cuántica, nanotecnologías, neurociencias y cableado cerebral, nuevos materiales, inteligencia artificial, robótica, capacidad de cálculo y tratamiento Big Data mediante el ordenador cuántico, harán que la relación del ser humano con su entorno físico y social sea radical y cualitativamente distinta que en el pasado. Obsérvese que, vía el principio de superposición de ondas, la mecánica cuántica -la revolución teórica más radical de todos los tiempos- produjo una discontinuidad en la forma de entender el mundo pero no en la forma de habitarlo. Y esto es lo sustantivo porque lo propio del ser humano es habitar el mundo. Habitar humanamente equivale a modificar el mundo natural para crear un mundo propio a Homo sapiens (HS). Desde un principio, esa modificación el ser humano la emprendió mediante la técnica y la magia/religión.
HS en el mundo toma a cargo conscientemente y estratégicamente su sobrevivencia. Sin embargo, la carga resulta vitalmente pesada de soportar. En esas circunstancias, la técnica y la religión constituyen el conjunto de medios que facilitan un relativo deslastre del peso de vivir. Desde el origen de HS, técnica y religión hay que entenderlas como facilitadoras de la existencia (Michel Puech dixit). La técnica representa una facilitación práctica, o «eficaz», al tiempo que la religión es una facilitación simbólica.
HS surgió en grupo, orando y con un cuchillo de pedernal en la mano, apoyándose en tres pilares que lo elevaron por encima del mundo animal: la sociabilidad, la religión y la técnica. La sociabilidad fue condición necesaria aunque no suficiente del lenguaje; la religión (magia en los primeros balbuceos) le proporcionó una simbología espiritual poderosa para facilitar su inexplicable existencia; la técnica le permitió relajar la constricción material.
Se atribuye a Benjamín Franklin la restrictiva definición de hombre como tool-making animal (animal que fabrica herramientas): olvidó la religión y la sociabilidad.
Si bien técnica y religión acompañan al ser humano desde su origen, la ciencia es relativamente reciente. Sin entrar en la diferencia entre técnica y tecnología, que la hay, es crucial la diferencia entre técnica y ciencia. La técnica intenta el confort del HS en el mundo; la ciencia busca el poder sobre el mundo. No es la técnica lo que nos llevó a la ciencia sino la religión en su afán por explicar las grandes cuestiones que ignoramos. La técnica nos ayuda a vivir incurriendo en el coste de herir a la Naturaleza. La ciencia nos hará omnipotentes, casi dioses, o nos destruirá: en uno u otro caso se producirá una discontinuidad en la Historia. Incluso es posible que después de la omnipotencia llegue la destrucción.
Indeseables modificaciones genéticas ponen en peligro el futuro de la Humanidad. Bien sea por errores de modificaciones con resultados monstruosos o por emulación entre países, o poderosas organizaciones, en aras de dominar a los adversarios/enemigos con humanos genéticamente modificados. La experiencia lo enseña, por las ventanas abiertas pueden entrar amantes o asesinos aunque estos adopten la forma metafórica de Homo deus popularizado por Yuval Noah Harari. Es esta una eventual forma de discontinuidad, una entre tantas otras que apuntan en el horizonte de la Humanidad.
--------------
Juan José R. Calaza es matemático y economista

martes, 4 de diciembre de 2018

Juan José R. Calaza. ABC, 4 de diciembre de 2018. Del supremacismo


Del supremacismo

«El papel de una minoría usurpadora ha sido, y es, nefasto para Cataluña»
Por Juan José R. Calaza
Actualizado:
Lo han escrito antes que yo. El problema de Cataluña no es España: son sus minorías usurpadoras con vocación de poder y maneras de élites europeizadas avant la lettre. Elites políticas, culturales y económico-burguesas. Al menos parte de ellas: las que se han instalado en el corazón del poder. Desde allí amotinan y manipulan a la mitad de la población catalana empujándola al caos. Un ejemplo, entre docenas, podría ser cierta prensa, que manipula a sus lectores; otro, el profesorado (65 por ciento del cual es independentista) que viola y ahorma ideológicamente la virginidad política de niños y jóvenes. Son esas minorías usurpadoras de la realidad profunda, auténtica, las que han intentado inculcar históricamente el cainita sentimiento de supremacía en los catalanes más desprotegidos intelectualmente y más manipulables.
En su novela The Human Stain (2000), Philip Roth denunció prejuicios, tópicos y lugares comunes sesgadamente interesados que debilitaban la democracia estadounidense. Casi veinte años después la profecía salta a la vista, aunque las idées reçues -creencias sin fundamento- avancen bajo falsas máscaras que los medios y la opinión pública dan por auténticas e incuestionables: «Los derechos intrínsecos de las mujeres por ser mujeres, el orgullo del pueblo negro, la lealtad intracomunitaria de las minorías étnicas, la sensibilidad ética de los judíos». El muy lúcido Roth era judío, obviamente.
En España, un tópico que ha adquirido rango de ley concierne a la superioridad implícita asignada por los supremacistas a los catalanes -así, en bloque: a los catalanes- y, particularmente, a su sensibilidad democrática. Y toda vez que el secesionismo concelebra diariamente una institucionalizada misa negra de la confusión, en la que todos los catalanes ofician potencialmente de independentistas, conviene analizar rápidamente los fundamentos de tanto tópico. Porque, si bien se mira, los catalanes gozan (o gozaban) de cierta excepcionalidad asumida entre los españoles: más ahorradores, mejor formados, más demócratas que el resto.
Dichos tópicos se asientan en un zócalo argumentalmente sólido. Los catalanes, qué duda cabe, son como todo el mundo y en ciertas cosas un poquito menos que otros españoles. Por ejemplo, el populismo golpista del que hace gala el Govern -inimaginable en un país verdaderamente democrático- no puede entenderse sin una base social estruendosamente manipulada mediante el victimismo. Otro contraejemplo: hay diez comunidades autónomas por encima de Cataluña en ahorro financiero por hogar. En fin, según el informe PISA (OCDE), ni en Ciencias ni en Matemáticas ni en comprensión lectora Cataluña figura en lugar destacado respecto a varias regiones españolas que la dominan contundentemente. A todo ello hay que añadir la maldición vudú que los supremacistas hacen correr a rienda suelta: las desgracias vienen de Madrid que los explota. Pero la buena gente de Madrid, que toreó en plazas más difíciles, ni se inmuta porque sabe que a este perro mundo hay que venir ya llorados.
No obstante, el supremacismo en Cataluña no siempre fue independentista. El separatismo, dominante actualmente en el catalanismo, es reciente en democracia pero la soberbia de creerse los mejores, al modo germánico, en Cataluña es de vieja raigambre en su burguesía al engallarse, mediados del siglo XIX, con la construcción de la línea férrea Barcelona-Mataró. Posteriormente, con la empopada económica del desarrollismo franquista y el aperturismo, las clases medias notoriamente ansiosas de empoderamiento político -especialmente en la enseñanza, machihembrado endogámicamente- se sintieron habilitadas a dar lecciones de democracia al resto de España, al modo británico, y, aupadas en el subidón de autoestima progresista, se otorgaron ciertos privilegios intangibles (rendirles admiración intelectual, al modo francés). O sea, se lo creyeron haciendo oídos sordos a las sutiles advertencias de genios desacomplejados como Boadella.
El asunto adquirió las proporciones que hoy tiene porque los españoles ingenuamente dieron por buena la versión de la superioridad democrática de la élite nacionalista catalana: inteligente, pacífica, culta. Era de esperar, la progresiva ausencia técnica del Estado y la fatuidad ambiental (espoleada por la rivalidad con Madrid y el éxito de los eventos del 92) propulsaron demencialmente el narcisismo catalanista que quedó y sigue huérfano de instinto autocrítico. Reconozcámosles habilidad diabólica para la propaganda quejumbrosa, ingeniería social y marketing político llevado al extremo hasta en la forma de vestir supremacista.
A estas alturas no voy a detenerme ni un minuto a desmontar la larga nómina de falsedades que el supremacismo intenta hacernos tragar. Desde la historia a la economía y desde la raza a la cultura no queda resquicio en el que el catalanismo no haya metido la pezuña inquisitorial alumbrando mentiras, pero sobre todo patrañas. Ahora bien, hay mentiras tan sofisticadas intelectualmente -el equilibrio general en economía, por ejemplo- que los propios urdidores acaban creyéndolas sinceramente; las patrañas -la superioridad de las élites catalanistas, verbigracia- solo las tragan los imbéciles.
Juan José R. Calaza es Economista y matemático
ABC Opinión

Juan José R. Calaza ABC, 23 de noviembre de 2018. El problema andaluz


TRIBUNA ABIERTA
El problema andaluz
«Siendo los datos en Andalucía devastadores -del paro a PISA, pasando por el déficit en pensiones- con todo, no son lo peor»
Juan José R. Calaza
Actualizado:
Hace más de treinta años, en el PSOE prometieron convertir Andalucía en la California europea. A día de hoy, la única similitud que veo es que el Palmar de Troya recuerda vagamente a la Familia Manson. Confieso que me cuesta entender la sociedad andaluza (no a los andaluces personalmente), tan paradójica es Andalucía. Sobrada de recursos humanos, culturales y naturales, a veces semeja el tercer mundo puro y duro. Sobre todo, duro. Gracias a personajes como Cañamero, Bódalo o Sánchez-Gordillo que promueven un sindicalismo propio de Chiapas. Pero más paradójico es que los andaluces desean, al parecer, cambio político sin retirarle al PSOE la preeminencia de partido mayoritario, a pesar de su confirmado radicalismo gestual y bananero en creciente competencia con el de Podemos. Tampoco hay que extrañarse excesivamente: por las venas andaluzas corre no poca sangre británica, siempre propensa a la extravagancia simpática. Ya en el manual matrimonial del reverendo E. J. Hardy («How to be Happy Though Married», 1885) se podía leer que al preguntar el oficiante a un rudo leñador si tomaba por esposa a fulanita, contestó «Sí, quiero, pero preferiría a su hermana». Muchos votantes (¿debo añadir «y votantas», Dr. Sánchez?) van a casarse con Susana Díaz prefiriendo a Inés Arrimadas. Y yo.
Siguiendo con las paradojas, en La Coruña, gobernada por el PSOE en coalición con el BNG, retiraron la efigie de Millán-Astray. En Algeciras le levantaron estatua a Almanzor en 2002. Ni Blas Infante se hubiese atrevido a tanto. Lo curioso es que habiendo sido último bastión árabe-bereber en España, el poso genético norafricano patrilineal, cromosoma Y, en la población granadina con cuatro abuelos españoles es solo del 1 por ciento (más del 20 por ciento en Galicia y Baleares). Sorprendentemente, la sierra de Grazalema, rodeada de clima mediterráneo, registra el índice de pluviosidad más elevado de España. Guinda del pastel: el cambio de sexo es gratuito, pero no las intervenciones dentales.
Quede claro que ninguna culpa tiene el buen y bello pueblo andaluz -nuestra mejor sangre española, esa inteligencia caliente- de la mala imagen que a veces refleja Andalucía. Antes bien, es tan extensa la nómina de inmarcesibles genios andaluces que tendrían que pasar doscientas generaciones bajo gobierno socialista para arrumbar, en el olvido profundo, el prestigio de Andalucía. Así las cosas, encoge el corazón observar la impronta profunda de la gestión peronista del PSOE durante décadas. En Andalucía el PSOE nunca ha gobernado con hechos tangibles dirigidos a toda la población, sino con apuestas clientelares potenciadas desde Madrid en la sucursal cuando en España también manda el partido. De California, desde luego, solo han importado el progresismo tontorrón y resabiado de las minorías oportunistas, especializadas en la mendicidad institucional.
Me viene a las mientes en este momento una sangrante chapuza que me llenó de pena y decepción, permitiéndome entender, sin embargo, el gravísimo daño, quizás irreversible, que el PSOE ha causado a la sin par región (en todos los sentidos). El premio Torre de Nerva recayó en el 2010 en Arcadi Espada y se lo retiraron en enero del 2016. Isidoro Durán -militante del PSOE y concejal de Cultura- expuso varios motivos para deshonrar al periodista catalán de origen andaluz: «La escritura de Espada se ha vuelto ofensiva hacia la sociedad en la que vivimos e incurre en totalitarismos». Los totalitarismos en los que incurrió Espada fueron, según Durán, los tratamientos periodísticos de «la violencia de género» y «los nacionalismos periféricos».
Al tener cabida en el PSOE, con voz y mando, personajes tan siniestros y obtusos, demagógicos e inquisitoriales como el tal Isidoro, a uno le asalta la sospecha de que el Partido Socialista se ha convertido en una organización extremosamente barriobajera, adscrita al peor de los populismos. Si Isidoro Durán hubiese sido consecuente le hubiese retirado, por machista y falócrata, todo lo retirable a Rafael Alberti, que dejó escrito en «El toro de la muerte»: «En La Habana/ Una mulata,/ dos pitones en punta/ bajo la bata». Para ello Isidoro Durán tendría que haber leído previamente a Alberti, si no fuera mucho pedir a un concejal de Cultura del PSOE andaluz, habida cuenta que el nivel lo marcó Carmen Calvo -natural de Cabra- cuando fue consejera del ramo.
¿Qué pensar, por otra parte, de ese jactancioso, anacrónico e impostado nacionalismo filomagrebí, al que ni el PSOE le hace ascos, en una españolísima región agarrada golosamente a las ubres de Madrid y Bruselas? Y es, en cierta medida, el fracaso estrepitoso de Andalucía como tierra capaz de generar ilusión de largo plazo lo que provoca generalizada desconfianza en espíritus auténticamente independientes, curiosos, decididos, arriesgados, emprendedores. Me pregunto, en fin, qué persona de valía, andaluza o de fuera, puede tomar en serio -para emprender, investigar o crear- un país teóricamente europeo en el que confunden Marinaleda con Chiapas y los concejales de Cultura son tan indoctos como inquisitoriales, al tiempo que se erigen estatuas a Almanzor en pleno siglo XXI.
-----------------------------
Juan José R. Calaza es economista